Hace unos días estaba planeando pasar unas vacaciones en León, Guanajuato, específicamente en la casa de un primo. Quería aprovechar para visitarlo, pues hace más de dos años que no lo veo, y de paso relajarme del estrés que se vive día a día en la Ciudad de México. Justo dos semanas antes de realizar mi viaje, ya con mis vacaciones pedidas en el trabajo, me llamó su esposa para decirme que había contraído dengue y estaba muy enfermo, pero que se recuperaba poco a poco.

La esposa de mi primo dijo que hay como una especia de epidemia de dengue, pues ya son varios los casos en aquella ciudad, por lo que me recomendó mejor no venir. Una pena, ya que tenía muchas ganas de verlo; sin embargo, no quería exponerme a contraer esa enfermedad incurable, en la que tu sistema inmunológico es el encargado de tratar de eliminar los síntomas. Sólo te recetan paracetamol para los dolores de cuerpo y de cabeza, mientras tienes que cuidarte de eliminar la fiebre alta que suele acompañar a esta enfermedad.

Cerca de la casa donde vive mi primo había agua estancada, el lugar perfecto para que estos mosquitos lo hagan su hogar y de paso encuentren alimentos en las personas que ahí habitan. Será para otra ocasión cuando visite la bella ciudad de León, donde me encanta ir a caminar por sus calles, disfrutar de sus inmuebles y conocer a su hermosa gente.